Envié el primero, el segundo, el tercero, y el pulso me tembló un poco cada vez. Nunca había enviado un query para buscar formalmente un agente literario. Nunca antes, hasta hoy.
El viaje hasta este punto del camino ha sido largo y presiento que el que se avecina puede ser igual de largo aún, porque el destino —encontrar un agente que se mueva en el mundo de las voces latinas en inglés y/o español y que esté abierto a leer los temas que abordo— es totalmente impredecible.
Por un buen tiempo he trabajado en una versión de Mala Suerte de mi Vida en inglés. Lo que empezó con un intento de “simplemente” traducir, se fue convirtiendo en una adaptación de la novela, mucho más universal, pulida quizás que la original. Y es que han pasado años, ha cambiado mi forma de escribir y he cambiado yo. He vivido más, conocido a más personas, convivido en medios más heterogéneos y, sin querer, entendí que cuando escribí Mala Suerte de mi Vida no la concebí para una audiencia que no fuese cubana, que no conociese el bollo del meollo, que no fuese capaz de llenar los espacios entre líneas con sus propias vivencias y recuerdos. Durante la traducción y la adaptación entendí que la migración no era un tema determinante, que el verdadero conflicto no estaba ceñido por las geografías físicas, sino las humanas; las complejidades que nos decimos a nosotros mismos y que interiorizamos como verdades absolutas.
En número impar, como dicen que deben hacerse los tatuajes, algo que ver con la buena suerte, envié mis primeros queries. Enviaré más, manteniendo el conteo impar, porque si bien no hace, mal tampoco.
Y pienso en esa idea que con frecuencia se debate: si el verdadero disfrute está en el viaje o en llegar al destino. El destino, sin dudas, es la respuesta en este caso. Pero no puedo, al menos no hoy, cuando todavía me dura el cosquilleo en la boca del estómago de llegar a este milestone, dejar de apreciar el viaje. El que me trajo hasta aquí y en el que ahora me embarco. Y ya sé que vendrán los rechazos, las puertas cerradas y el “por aquí no es”. Como también sé que sin eso no habrá destino, porque a ese solo se llega recorriendo el camino, viajando el viaje.
Una vez le escuché a un escritor, no recuerdo quién, decir que tenía enmarcada su primera carta de rechazo. Espero con ansias la mía. Ya tengo seleccionado el marco y el espacio en la pared.
Pero si lo que dice el refrán es cierto, y debe serlo, porque la sabiduría popular es milenaria y más sabia que ninguna, si tanto va el cántaro a la fuente hasta que se rompe, en algún momento el viaje culminará en destino.
Por lo pronto, los dejo con la primicia de que Mala Suerte de mi Vida se llamará Dear Misfortune.

¡Maravilloso! Y nada de pensar en cartas de rechazo. ¡Verás que encuentras un hogar para el manuscrito en inglés! Dear Misfortune me parece un excelente título.