Dice mi amiga Yaumary que viajar es medicina, y coincido con ella. Cada viaje nos invita a mirar con otros ojos, escuchar otras voces y descubrir nuevas formas de entender el mundo. Estas décimas van de eso: de viajar, observar y regresar con algo más de lo que nos llevábamos.
Dice Yaumary, mi amiga,
que viajar es medicina.
Y cada nueva cocina,
cada cultura la intriga.
Coincido. El viajar obliga
a prestar más atención.
Las voces se hacen canción
que repica en los oídos,
donde temas conocidos
cambian de connotación.
Viajar nos hace aprender
algo nuevo a cada paso.
Cada trillo, un nuevo trazo
que da placer recorrer.
El viajar nos da el poder
para examinar la vida
y, en acción comprometida,
admirar la humanidad
que puebla campo y ciudad
como una figura unida.
Me gusta viajar también.
Me hace sentir liberada.
Como en un cuento de hadas
donde un deseo son cien.
Converso y escucho bien
los tonos, las expresiones,
y son las conversaciones
las que marcan derrotero
y hacen el paso certero
si buscamos direcciones.
Pueblos, personas, paisajes,
aventuras que contar,
lugares a recordar
se acumulan con los viajes.
Memorias son, y equipajes
que en el vivir desandamos,
porque viajando observamos
otras formas de existir
que influyen en el sentir
que al mundo le regalamos.

Yaumari tiene mucha razón 🙂 Viajar es bueno para el alma y para el cuerpo.