Con la música de Norah Jones tengo una conexión especial. Me centra y me da ese sentido de plenitud de cuando estamos solos en la casa, andando sin prisas y sin zapatos. Descubrí a Norah Jones de casualidad escuchando una lista variada en la ya desaparecida (al menos para mí) Pandora. Me había acabado de mudar con mi hija a un minúsculo apartamento del que hablaré en otro momento. Recuerdo haber estado sola, en medio de una mudanza aún por colocar, y casualmente sin zapatos. Come away with me llenó el espacio y movió algo dentro. La voz melódica de Jones llenando el espacio entre las cuatro paredes, acompañándome a simplemente estar.
Aún hoy la elijo cuando me quiero sentir de esa manera. Evoco la imagen de la paz en medio del caos, busco alguna de sus listas en la moderna Spotify y tarareo Come Away with Me como un mantra.
Hace poco descubrí Playing Along, un podcast donde Norah Jones invita a artistas: conversan, cantan, ella toca el piano y el invitado algún otro instrumento. En una entrevista a la cantante, compositora y multiinstrumentista ganadora del GRAMMY Madison Cunningham, alguien a quien no conocía, tocaron el tema de las letras en las canciones, y cómo los compositores se cuestionan la idea de que la creatividad tenga que ser complicada, ingeniosa u “original a toda costa”.
Para ellas y para mí también, funciona un poco diferente. La simplicidad crea conexión y el lenguaje simple y directo —como usar “tú” y “yo”— es lo que realmente hace que una pieza conecte. Intentar “limpiar” o intelectualizar las letras suele hacer que se sientan menos humanas, dijeron. Y me sentí identificada con esa idea de la simplicidad de la creación, que no debe confundirse con superficialidad: el esfuerzo por ser profundos o únicos hace que perdamos conexiones más poderosas.
Pienso en mi trayectoria de escritora y descubro que cuando menos he creado es cuando más preocupada he estado por el resultado de la creación, cuando más en serio me he tomado la idea del legado, del mensaje que perdura, cuando más he olvidado que mi objetivo al escribir es que cada cual rellene los espacios en blanco con su propia historia, porque todos tenemos historias para contar. Jones y Cunningham no pudieron haberlo dicho mejor, en mi opinión: el objetivo debería ser siempre la claridad emocional, eliminar barreras entre la emoción y las personas.
Pero de todo, quizás lo más pegajoso de la conversación para mí fue lo que dijeron sobre los clichés y cómo son poderosos si son genuinos. En la escritura, en la creación en general, creo, nos han vendido que la originalidad debe imperar sobre todas las cosas y que, por tanto, se deben evitar los clichés porque son lo menos original que existe, anticreativos y hasta perezosos. Pero, como ellas dicen, hay poder en la sinceridad con que estos “llegan directo al corazón” y evocan emociones muy precisas con las que le es fácil a cada cual relacionarse. La autenticidad no está en evitar las ideas conocidas, sino en replanteárselas, reinterpretarlas en contextos cercanos y personalizarlas de una forma fresca, pero reconocible.
Aquí les dejo el enlace para la entrevista. Es poco pretenciosa y refrescante. Me voy con mi música a otra parte, pero les dejo esta idea, tal y como ellas la dejaron en mí: lo auténtico, claro, emocionalmente directo, sincero y vulnerable es más humano y poderoso que lo complejo o lo impresionante, aunque el mundo se esfuerce en vendernos lo contrario.
