Bienvenidos a una nueva historia con cola!
La foto de la historia anterior fue tomada en The Last Bookstore en Downtown Los Ángeles, la última vez que estuvimos por esos lares a razón de llevar a mi hija y a su amiga a un concierto de Oasis.
El nombre, así medio apocalíptico, y hasta un poco pretencioso, está más que justificado, porque The Last Bookstore seguramente no es la última librería en Los Ángeles, pero lo es para mí el menos, que he encontrado en ella un destino al que arribar.
Su fama me antecede –Instagramable as it is– y fotos de su famoso arco de libros están por todas partes en social media. Suele haber una fila de visitantes esperando su turno para tomarse la suya, muy al estilo de las de Disneyland, para fotografiarse con Mickey y Minnie Mouse. Me reconforta ver que el atractivo de los libros aún impera.
The Last Bookstore se ha vuelto visita obligatoria en cada viaje a la ciudad. Recorro los salones de siempre: el de ediciones limitadas, que parece una caja fuerte de un banco sacado de una película del oeste; el de los libros de horror, decorado a lo gore, con cabezas de muñecos y toda suerte de objetos descuartizados y siniestros; las más generales, donde puedes encontrar de todo; la sección internacional, donde compro libros en portugués para practicar el arte de leer por placer, sin esperar entenderlo todo.
Por supuesto reviso la sección en español y de vez en cuando encuentro alguna joya inesperada, como fue este libro de recetas de cocina de Nitza Villapol, una archiconocida host de un programa de cocina de la Cuba de muchos antaños que se llamaba Cocina al Minuto. El libro lleva el mismo nombre, y para qué decir que ya es parte de mi biblioteca. No sigo las recetas, pero el valor sentimental no me permitía dejarlo atrás.
Si estás aquí es porque te gustan los libros, las librerías, el olor de las páginas impresas. O porque te gusta viajar y seguramente en algún momento estarás por Los Ángeles. Cualquiera que sea la razón, si estás aquí te recomiendo pasarte por The Last Bookstore, si no para otra cosa, para tomarte tu foto en el arco de libros y ser parte de esta memoria milenaria que son los libros y el arte de comunicar que los trajo al mundo, el mismo arte que los mantendrá vivos, pese a evoluciones, opciones y cambios de inteligencias humanas a artificiales. Mientras exista el ser humano y persista la necesidad de comunicarnos y dar sentido al mundo que nos rodea, los libros seguirán existiendo, y The Last Bookstore no será realmente la última, aunque ojalá siempre siga conservando su magia, su carácter especial, refugio de tanto soñador andante.




