Un lugar que me recuerda

Esta es otra de esa, mis ideas con cola: porque el post entero me recordó el camino, y el camino siempre me recuerda muchas cosas, y también me recuerda a mí.

Giro a la derecha.
Siempre a la derecha. E
l camino queda siempre a la derecha
cuando regreso a casa.
A simple vista es solo un camino.
Semiolvidado.
Semicaminado.
¡Es tanto más!
En el camino la naturaleza se reclama a sí misma.
Los árboles que lo resguardan y la yerba lo habitan,
lo poseen; no piden permiso.

No puedo ver la casa, pero puedo sentirla.
Sabe mi nombre. Lo ensaya. Me llama.
Y no necesito ver para saber
adónde me llevará el camino.

Podría andarlo con los ojos vendados.
Recto al principio.
Luego se tuerce buscando la derecha.
Y justo después de la curva, abre,
como si fuesen dos caminos en uno,
o un solo camino nuevo,
que me lleva a la casa.
Al sillón en el portal.
Al croton del frente.
Al olor a café siempre tibio en la cocina.
A los brazos blanditos que me confinan,
como si de ellos dependiese la integridad de mi cuerpo.
A las miradas húmedas de ojos centelleantes,
que nunca me he percatado cuando he extrañado,
hasta que llego.

Y he llegado.
El camino me recuerda
y por el siempre llego.

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