Respirar en medio del caos: lo que Property Management me ha enseñado

Todos hemos visto alguna vez, en películas, una escena en la que “los malos” le sumergen la cabeza “al bueno” en agua y, cuando está a punto de ahogarse, lo sacan por unos segundos, le preguntan algo a lo que no le da tiempo de responder y repiten el proceso, una y otra vez, hasta que, casi ahogándose, logra transmitir el mensaje de que está listo para cantar como el canario… o aparece otro bueno para sacarlo del apuro.

Bien, bienvenidos a mi mundo: eso es Property Management.

Las diferencias son mínimas, la verdad. Salvo que “los malos” no son malos. Tienen sus razones, sus historias, sus necesidades. Y que “la buena” que en esa escena soy yo, nunca lo soy; de hecho, a los ojos de esos malos que no son malos, la buena es, sin duda, la mala. Pero, fuera de eso, trabajar en property management es esa sensación de tener la cabeza bajo el agua, con tiempo apenas para mal-respirar. ¿Dramática? Quizás. Seguro que hay trabajos peores.

En una ciudad como San Francisco, donde la mayoría de las propiedades datan de los 1900s, el charm es solo fachada. Se paga un precio premium por la vista, el barrio, las famosas bay windows. Mientras tanto, la plomería siempre falla, los ruidos viajan más rápido que la luz, las ventanas nunca cierran bien y la humedad hace que ciertas manchas impertinentes aparezcan en lugares inesperados.

En fin, la lista es interminable; y también lo son la paciencia, la empatía y la diplomacia que se necesitan. No solo porque los problemas llegan desde cualquier parte, sino porque además te obligan a cambiar de postura según con quién estés tratando y, de tanto wear multiple hats, terminas sintiendo que ya no tienes cabeza.

Y es entonces cuando la salud mental entra a jugar su papel. Solía pensar en ella sin urgencia, sin premura, pero ya no. El yoga, la meditación a la que apenas empiezo a agarrarle el gusto, la introspección, el ejercicio físico y la respiración han venido a salvarme la vida. Son esas bocanadas de aire que inhala el bueno cuando le permiten sacar la cabeza del agua. Y he notado que, poco a poco, ya no son las bocanadas las que me mantienen viva, sino que se han ido convirtiendo en paz interior necesaria para esperar el momento de respirar; en reserva de oxígeno en el cuerpo; en vida misma.

En property management, el caos es el orden del día. Pero si la mente sigue al caos, si le da entrada y permite que se empodere, se vuelve muy difícil mantener algún tipo de orden, ser objetiva, tratar de aliviar las situaciones de conflicto a la mayor brevedad posible, con la mayor empatía posible, para que las personas vivan mejor su día a día.

Una vez leí una pequeña historia ilustrada, de un caricaturista cuyo nombre no recuerdo, que hablaba de inhalar y exhalar en términos de creación. Inhalaba cuando consumía arte, literatura, naturaleza. Exhalaba cuando creaba. He ahí el balance que, a pesar del caos del property management, estoy logrando apreciar. Mientras más tiempo logro separar para recargar y realinear mi energía, más alerta y productiva me siento; menos derrotada; menos en modo pánico; menos convencida de que, si no llega la próxima bocanada de aire, muero. Me nutro conscientemente de aire, de movimiento, de belleza natural, de palabras, mientras inhalo. Aguanto el aire dentro por unos segundos y pienso: en la crisis que tengo delante, en la que se avecina (doy gracias por la que acaba de pasar). Pienso en una nueva historia, en cómo me hace sentir sacármelas del cuerpo. Y entonces escribo, porque escribir es otra manera de exhalar.

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