97 (99) veranos

Hoy mi abuela cumple 97 años. Poco más puede agregarse y mucho puede dejarse a la imaginación. Nació en pleno verano de 1927, en la misma esquinita del mundo donde creció bañándose en el río, comiendo guanábanas directamente de las matas y acompañando a hermanos y primos de la misma edad a robarle huevos al carnicero por la ventana de atrás de la bodega, y mil quinientas travesuras más. La misma esquinita donde se ganó un libro (que aún conservamos) cuando terminó 6.º grado por ser la mejor estudiante de su escuela; donde desafió a su padre, recto, parco y orgulloso de que sus hijas llevaran una melena hasta la cintura, cortándosela por los hombros de una vez.

Empecé a escribir esta crónica hace dos años y la descubrí hoy, escondida en un aplicativo que usaba antes para escribir ideas sueltas y que funciona aunque mi teléfono esté en modo avión, como ahora, cuando hago el vuelo de regreso a casa desde Florida. Podría haber empezado esta crónica de otra forma: hace unos días mi abuela cumplió 99 años. Hay aún menos que agregar y mucho más queda a la imaginación. El privilegio de recordar lo que ya ella no recuerda hace que un viaje lleno de inconvenientes e imprevistos valga la pena. Sigue habitando la misma esquinita del mundo donde todos la recuerdan por lo que siempre fue: un puerto seguro en medio del campo abierto, una bandera blanca de bienvenida, que también puede ser felizmente confundida con una señal de paz.

Ella y la esquinita del mundo que aún habita merecen un espacio extenso en mis contares y se los dedicaré a su debido tiempo, cuando logre procesar lo que aún acontece y remover las capas de historias que la rodean, que protegen una historia central que todavía se me resiste. Que sea esta crónica apenas un preludio, un avance de la vida de una abuela que hace tiempo no me reconoce, pero cuyos ojos mojados me miran fijamente, buscando, y en lo negro de sus pupilas me encuentro a mí misma, mientras ella me enfoca y desenfoca como si ajustase unos binoculares.

Y creo, quiero creer, que sus labios rectos se curvan en lo que podría ser un intento de sonrisa.

3 comments

      • Orale. Y sigue escribiendo, chica. ¿Te animas para otra novela? Quizás basada en los recuerdos de tu abuelita… hay tantas cosas que si no las ponemos por escrito se perderán….

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