Hace unas semanas compartí un vídeo en Instagram leyendo esta décima. Hoy la publico también aquí, acompañada de algunas reflexiones sobre el repentismo, la práctica y esa curiosa necesidad de aprender un arte que uno admira desde lejos. No soy repentista. De hecho la siguiente décima que publicare habla sobre eso. Escribo con tiempo, borro, vuelvo a empezar. Pero hay algo en esa capacidad de encontrar la palabra justa cuando apenas existe un segundo para hacerlo que siempre me ha fascinado. Quizás escribir estas décimas sea mi manera de acercarme, poco a poco, a esa tradición que tanto disfrutaban mis abuelos. Sin prisa. Solo con la esperanza de que, como dicen, la práctica termine abriendo caminos.
El repentismo es el arte de cantar la inspiración, y es la forma de expresión, en que el debate, comparte.
Repentismo es tradición, más allá de geografía,
porque el verso y la valía que avivan la dicución, cambia el nombre por región pero es siempre poesía.
Los domingos en la tarde en la Cuba que habitaba Palmas y Cañas sonaba y mi abuelo hacia alarde,
del talento que apreciaba aunque él no poseía,
y que en otros aplaudía con genuina admiración por que el verso, hecho canción, lo llenaba de alegría.
Yo no canto las poesías, porque yo no sé cantar pero las se homenajear con estas palabra mías.
Si tu quiera tararear mi versos, no te detengas,
que vuelen cual mil arengas saltando de palo en palo. Este es papi, me regalo, para que en domingos vengas.