Entre faros, girando adentro

Tengo una pequeña debilidad por los faros que no puedo explicar bien. Ese permanecer, vigilante, a la expectativa, esperanzador también, me recuerda cómo mi abuela decía que mirar el camino le había comido los ojos. ¡Cuánta luz no le comerá al faro el mar! Y, sin embargo, la vista sigue ahí, siempre enfrente, siempre en el porvenir.

Suelo ponerme melancólica por los días de mi cumpleaños y, sin embargo, este año hay algo más que eso. Repaso las palabras que conozco y me decido por introspección. En los últimos meses, reencontrarme con la escritura ha sido un poco reencontrarme a mí misma, girar hacia el centro y seguir avanzando. Y permanecer, vigilante, a la expectativa, la mirada en el porvenir, esperanzadora.

Dicen que lo que buscas también te está buscando y, siguiendo el camino de la inspiración, hace unos días me encontré frente a frente con el faro de Pigeon Point, presidiendo la costa rocosa a una hora y media, más o menos, de San Francisco. Lo que buscaba me encontró en aquel desvío y me pasé horas garabateando retazos de historias en hojas sueltas que fui numerando mientras avanzaba.

Con la marea aún alta, regresé a casa, la cabeza dándome vueltas por el exceso. Y entonces estaba de cumpleaños y me di cuenta de que no tenía planes. Un cumpleaños sin planes en esta era moderna, donde solo sobrevive lo memorable, donde solo es memorable lo que podemos probar con fotos, preferiblemente en Instagram, me pareció un día cualquiera. Y en la presión por conquistar lo memorable para convencerme a mí misma —porque no todos los días se cumple años—, comencé a repasar una lista de lugares para celebrarlo.

A Daniela y a mí nos gustan los viajes por carretera. Manejar con cierto destino, pero sin mucho propósito. Las mejores conversaciones las tenemos mientras mantenemos la mirada en la carretera enfrente, de fondo sonando la música que elige ella, que también me gusta a mí.

Lo que no sabía que buscaba me encontró y terminamos frente a otro faro, el de Point Reyes, como olvidado por descuido al final de otra costa agreste, a una hora y media hacia el norte de San Francisco.

Hay temas que buscamos, temas que nos buscan y temas que son recurrentes y hacen las dos cosas. La escritura, los viajes por carretera, mi hija y los faros me empujan y me halan desde y hacia la introspección.

Y así, entre Pigeon Point y Point Reyes, entre lo que busco y lo que me encuentra, entre ideas de historias viejas y nuevas, girando adentro, por carreteras que nos acogen, con mi hija, los faros y la inmensidad del mar, lo que esperaba pasa: cumplo cuarenta y tres.

Hasta aquí escribí yo. Ahora te leo a ti.