La buena suerte de “Mala Suerte de mi Vida”

Queridos amigos, con mucha alegría compartí con ustedes hace unos meses la noticia de que finalmente, mi novela, Mala suerte de mi vida, existía de forma tangible en el mundo real. Ya no era más un manuscrito en mi computadora, que releía a cada rato, obsesionada con cada personaje, con cada punto de vista, casi que con cada frase. En aquel primer post en Facebook les comentaba que Mala suerte de mi vida, a pesar de su título lúgubre y poco esperanzador, es un libro de encuentro y aceptación. Les decía que La China, su protagonista, es un collage de muchas mujeres que conozco, mujeres que se dedican a “hacer las cosas bien” y a quienes la vida continuamente parece estar retando. Mujeres que son esposas, madres, hijas, vecinas y amigas más que mujeres mismas. Mujeres que hacen del centro de sus vidas las vidas de las personas que quieren, y que pierden la esencia, la orientación cuando la (mala) suerte les cambia el derrotero. Les decía que no es un libro de personajes idílicos sino vulnerables, dolidos, sufridos y sobre todo, humanos, que se enfrentan a su mala suerte de la mejor manera que pueden, equivocándose frecuentemente, pero tratando todo el tiempo. Les pedí en aquella ocasión que no se dejaran intimidar porque si una cosa me había quedado clara en el proceso de escribir la novela, era que la mala suerte no es contagiosa, no es hereditaria, no es transferible. Es lo que es, tan real o ficticia como queramos sentirla y que no hay que tenerle miedo sino mirarla a los ojos directamente y decirle, ¡atrévete!

Hoy regreso para decirles que el pasado domingo 11 de marzo, en Altamira Libros, una colorida librería en el corazón de mi querido Coral Gables, compartí una tarde preciosa con muchas de esas personas que no se dejaron intimidar, que se atrevieron y que vinieron a acompañarme, a apoyarme, a regalarme sus sonrisas y sus buenos deseos. Creo que si el sol brilló tan lindo esa tarde fue precisamente porque lo tenía frente a mi, dentro de aquel acogedor espacio donde cada persona convertida en rayito me hizo sentir como en casa. Los dejo con fotos y momentos de esa tarde, de los amigos que estaban. A esos que no pudieron estar, quiero que sepan que estuvieron de todas maneras.

 

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Gracias a todos y cada uno. Gracias especiales a la Greity Gonzalez, Dago Sandoval, Ernesto Perez y La Pereza Ediciones por apostarle a esta suerte.

Gracias a Meilyn, Nestor y Cami que vinieron desde Tampa a acompañarme. A Yanet y mi Roger-pingüino, por estar siempre. A mi Detuchi y su trenza francesa a la cubana. A mi Sindo maravilloso de letras de oro y su pandilla de amigos, incluyendo a Arturo, el mejor camarógrafo voluntario que ojos humanos hayan visto y Jorge que dijo las primeras palabras que “rompieron el hielo”. A Denis Fortun y Carlos Pintado que se leyeron mis mamotretos en su momento y les prestaron atención. A Daniel por no pasar la página nunca. A Alicia, la maravilla de este país y no el país de las maravillas. A Elvira quien una vez me confió sus letras, y a su esposo. A Ana Sotelo que vino con el alma y me la dejó de regalo con sus comentarios amables. A Yosbel Barranco, amigo de la juventud que perdura, su linda novia y su suegra. A la Lucía y su esposo, los únicos de la tarde que estaban allí por casualidad, por puro amor al arte. A Maylin, quien recorrió a mi lado un camino más largo que la vida y aun seguimos dando rueda. A Sobi y Rachel, el reflejo del tiempo que pasa y que se queda. A Yolanda Almeida quien me conmovio con palabras de coincidencias y buenas suertes y a su esposo, una sonrisa plácida andante. A mi Marilyn Linero y la pelusita Katherine con su manito abierta sobre la carátula del libro, imitando a otra mano menos amable y endulzándola sin remedio. A su papá Eric y a sus abuelitos Marta y Rafael que siempre me han tratado como de la casa. A la familia Ortiz-Ortueta completa, Millie, Ruben, Liza, Felix, Zoe y David, mi familia siempre. A mi Daniela, que espero un día entienda que también hay un pedazo de ella en esta novela. A mi madre Yolanda. Y a mi madre madre, que está detrás de cada palabra que he escrito y que escribiré, porque no puede ser de otra manera…

 

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