Èrase ¿una vez?…Marjory Stoneman Douglas High School, Sandy Hook Elementary, Virginia Tech, Columbine…

dsc_2078.jpgSuena el reloj. No tienes deseos de levantarse. Cinco minutos más. Pasan. Sigues sin deseos de levantarte. Pero te levantas de todas maneras. Un zombie más que una persona te mira desde el espejo. No te detiene. Vas a la cocina. Preparas algo de desayuno, lo que sale, y vas a despertar a los niños. No quieren levantarse. Cinco minutos más. Pasan. Siguen sin deseos de levantarse. Los levantas de todas maneras. Las quejas. Tengo sueño. Dormí mal. Me duele el estómago. I wish que hoy no tuviera que ir a la escuela. Las respuestas. Mejor llamarlas contraquejas. Yo también. A dormir más temprano hoy. Ve al baño. Me too, pero tienes que ir. Y luego el discursito de que a la escuela no se puede faltar por gusto. De que a la escuela hay que ir. De que a la escuela hay que querer ir porque dónde si no podemos aprender a ser mejores ciudadanos, individuos, seres humanos en general. Homeschooling, dice la teenager con su sassiness característica. No. Aprendemos a socializar socializando, no en libros ni computadoras. Arriba. Terminando. Corriendo. ¿Todavía dando vueltas? Esa blusa está muy corta. Botas no, no sirven para PE. Arriba. Terminando. Corriendo. Se nos hace tarde. ¡Ya se nos hizo tarde! Almuerzan en la escuela hoy. No me dio tiempo a preparar nada. Por un día no se van a morir de hambre. No puede ser tan mala la comida. OK, OK. Mañana. Está bien. Pórtense bien. Don’t get in trouble. Respeten. Presten atención. Un beso. Que tengan buen día. Hasta la tarde.

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La tarde puede llegar más rápido que de costumbre. Desde que sonó el primer disparo llegó la tarde y la televisión. Otros siguen la noticia. Tú la vives. Tú la sufres. Tú la lloras. Tú la desesperas. El teléfono suena. No sabes si llamas o te llaman a ti. O si es que llaman a otro, otra, otros que están junto a ti, cerca de ti, tristemente cerca y lejos de ti al mismo tiempo. No piensas, ¿porque cómo podrías?, en el dolor de los padres que despiden al hijo que que se ha sumado al army, los marines, el navy en tiempo de guerra y son enviados en misión. No piensas, pero si pudieras pensar  entenderías la angustia de la posibilidad de perderlo, de que sea la última vez que lo veas sonreír, la última vez que el calor de su cuerpo se te pegue al abrazo. Porque cuando vas a la guerra es una posibilidad. Cuando vives en una ciudad en guerra es una posibilidad. Cuando tu día a día es la guerra es siempre una posibilidad. No piensas, ¿porque cómo podrías? Y mucho menos entiendes, ¿porque quien entendería? Ir a la escuela en un país del primer mundo, en una sociedad democrática, en una medio pacífico no se compara ni remotamente con esa noción de guerra. Ir a la escuela es un acto educativo, cívico, progresista, responsable. No representa un peligro. No debe representar un peligro. Al contrario. No piensas, pero si pensaras, si pudieras sentir algo que no sea pánico, desesperación, rabia, angustia, sentirías lo mismo que esos padres que despiden al hijo que va a la guerra, al hijo que no saben si volverán a ver, a abrazar, a besar, en tu caso el hijo que no sabes si vas a tener la oportunidad de recoger en la tarde de ese día o nunca más. Y mientras corres, gritas, lloras, esperas, desesperas, rezas, maldices y te preguntas ¿por qué a mí?, se te ocurre que no les dijiste te amo esta mañana porque estabas tarde (o acaso sí pero no recuerdas), que no los dejaste dormir un rato más, que no prestaste atención al dolor de estómago que quizás era real, que no los dejaste en casa ese día, que no los matriculaste en un programa de homeschooling. Sabes que esos pensamientos no llevan a ninguna parte pero no puedes dejar de questionarte, de recriminarte, de culparte. Porque nadie puede hacer nada. Porque nadie hace nada. Porque disparar a matar en las escuelas se ha puesto de moda y las cercas y los sistemas de seguridad solo parecen estar ahí para contener a la masa de escolares, para que puedan ser asesinados más rápido, en menos tiempo, con menos balas. Porque para comprar bebidas alcohólicas tienes que ser mayor de 21 pero para comprar un arma no. Porque hay una tienda en una esquina de la casa, y otra en el shopping center, al lado del supermercado, donde antes estaba el Blockbuster. Porque los asesinos son muchachos atormentadas, psicológicamente afectados, socialmente excluídos, locos, hijos de puta, degenerados, víctimas, victimarios, pero con acceso común a un arsenal de confianza, para usar con confianza, para sentir acaso confianza en ellos mismos porque la han perdido o nunca la tuvieron y ahora estan haciendo pagar a quienes nada tienen que ver con el hecho de que sus vidas se han descarrilado sin remedio. Porque no hay nada que hacer mientras se espera para saber si tu hija y tu hijo están aterrorizados pero vivos, o si aterrorizados y en el hospital, o si completamente calmados y muertos, su sangre, tu sangre encharcada en el piso de la escuela a la que los llevaste hoy temprano, para que aprendieran a ser mejores y estuvieran más preparados para el futuro que no han de habitar. No debes, pero no logras pensar en nada más que no sea por qué no apagaste el despertador esta mañana, llamaste enferma al trabajo y dejaste a los niños dormir. Total, por faltar un día a la escuela no se muere nadie. Por asistir sí.

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