Reflejos de la vigilia

Dicen el refrán popular que no hay lengua que habló que Dios no castigó.

La historia que publiqué anteriormente, “Cuando es preferible el insomnio”, fue algo que me sucedió hace un par de semanas, uno de esos días en que el estrés del trabajo se coló tan hondo que llegó hasta adueñarse de mis sueños. Desde entonces, hago ejercicios de respiración en la noche y escucho alguna meditación guiada que me está ayudando a no repetir en sueños las acciones del día. No es ciencia aplicada. Es trabajo espiritual en progreso.

Sin embargo, después de releer “Cuando es preferible el insomnio”, después de editar algunas partes y ponerme de nuevo en el estado mental de cuando lo escribí, supongo que el universo pensó: “ah, ¿te quejas?”. Y me regaló una noche de insomnio que dejó a la noche de sueños atropellados en pañales. Entre café y café, logré escribir este soliloquio divagante. Luego me tocó ir a trabajar. Esta vez tenía compromisos que no permitían reportarme enferma.

Sueño o su ausencia. He ahí el dilema. Levantarse cansado porque se ha dormido soñando y el cuerpo te pide más tiempo bajo las cobijas. O sentir cómo la falta de sueño domina: primero lo que presientes son minutos y luego, incómodamente, se convierte en hora, en horas, en plural. La madrugada le hace trucos a la mente, y la mente cae, recae, incauta, inocente. Ya es hora de que aprendas, mente. Porque no naciste ayer y sabes que ningún pensamiento confiable llega desde la inconsciencia parcial del sueño. Como las sombras, se agigantan sobre las superficies, apoderándose de un espacio que no existe. A la luz del día, disipadas las sombras, recobrada la consciencia y ya en marcha con el plan del día (que, para muchos, se planifica casi que por nosotros), el sueño o su ausencia se llevan, visibles e indistintamente, dos caras de la misma moneda.

Sueño o su ausencia. Ya no hay dilema.

Un comentario

  1. Bueno, segurito lo sabes, pero a mí me ha ayudado cerrar la compu y no mirar el teléfono después de las 9 pm. Y un tecito de manzanilla nunca viene mal para espantar los insomnios.

    Me gusta

Replica a dovalpage Cancelar la respuesta