Cuba: a la víspera de la invasión

Volver a Cuba es siempre una mezcla rara de emociones. Es regresar a casa, al sitio que guarda la mayor parte de mis memorias, de mi identidad física y emocional. Es también regresar a una realidad que nada tiene que ver con el resto del mundo, una realidad distorsionada y confusa, como cuando se mira a través del cristal de una botella.

Desde que se supo la noticia del restablecimiento de relaciones entre Estados Unidos y Cuba, y empezaron las especulaciones de la repercusión que esta medida puede traer a corto y largo plazo, me han venido varias ideas a la cabeza que tuve la intención de compartir con ustedes. Sin embargo, después de mi reciente viaje a la isla, otras ideas más urgentes han venido a reemplazar a las primeras.

Estoy de acuerdo con la mayoría, la isla, detenida en el tiempo, aislada por la geografía y la política, tiene que integrarse a la realidad internacional. El pueblo necesita tener la oportunidad de conocer la vida real, la que se vive en todos Vista de La Habana Viejalos países del mundo, con sus altas y sus bajas, pero realidad al fin y al cabo, nada que ver con el día a día cubano, que tiene mucho de mitología y tragicomedia pero que visto desde afuera, raya en lo inverosímil y fantástico. En cada viaje a Cuba veo dolorosamente las heridas que una vida de carencias deja en la sociedad, una sociedad marcada por la inmovilidad, la desidia y la indolencia a que la ha llevado el ejercicio constante de la supervivencia y la búsqueda – o el deseo, también constante- de una mejoría incierta que nadie puede definir porque simplemente muchos no tienen nada con que compararla. Y claro que entiendo que situaciones similares y aún peores se repiten en infinidad de países alrededor del mundo, donde hay más carencias, más miserias, más desigualdad de la que puede haber en Cuba, pero no puedo dejar de identificarme con el pueblo cubano a un nivel más personal e incluyente, porque como dije antes, aun cuando en unos años habré vivido fuera de la isla el mismo tiempo que viví dentro, Cuba es casa.

Hoy me pregunto qué cambios traerán estas renovadas relaciones para el pueblo de Cuba. No para los dos o tres que controlan la isla ahora y que de alguna manera seguirán controlando una buena parte o en el peor de los casos caerán de pie, como los gatos, porque también tienen nueve vidas. Tampoco para los que llegarán con dinero a hacer realidad sus acariciados sueños inversionistas. Me pregunto qué pasará con esos que hoy tienen “algo” que pueda parecer lucrativo, ya sea un carro antiguo, o una casita que esta casualmente en una zona en la que se planea construir hoteles, restaurantes, residencias elegantes para que sus dueños extranjeros visiten una vez al año. Me pregunto qué pasara en los campos, donde no haya interés turístico. ¿Qué beneficios llegarán allí? Sin embargo, me preocupa además algo muy concreto y quizás de dimensiones más cercanas y tangibles, y es la capacidad de la sociedad y la infraestructura nacional de asimilar el incremento del turismo devorador que se avecina. Un turismo ávido de novedades tiene puesto en Cuba los dos ojos y se salivea como perro hambriento ante las posibilidades que ofrece la isla retenida en el tiempo. Un turismo, sin embargo, exigente, refinado, conocedor de sus derechos como consumidor, irascible y acostumbrado a dar y recibir sino más, al menos en la misma proporción.

En este viaje a Cuba, Turistas en La Habaname he dado cuenta, más que nunca antes, de que los servicios y la infraestructura del país no están ni remotamente al nivel necesario para acomodar al turismo actual, mucho menos al creciente. Algo tan sencillo como buscar un carro previamente rentado –con un mes de antelación- puede convertirse en una pesadilla y un pregúntale a aquel porque yo no , y ve por allí porque aquí no es, que es impresionante. Las compañías de servicio, no acostumbradas a prestar sus servicios a consumidores independientes, no parecen tener conciencia de quién es el usuario y quién el intermediario, sucumbiendo, y arrastrándote consigo, en una selva de intrincadas excusas y explicaciones y complejos engranajes internos que no son, ni tienen por qué ser, parte del conocimiento de ningún usuario o cliente final. Los operadores de servicios, que no son los que prestan el servicio, no tienen idea de la disponibilidad real de los servicios que te venden, y es así como rentan carros que no existen, o que llevan roto más tiempo del que funcionaron, y hoteles que no están disponibles. En otras palabras, en Cuba, hoy por hoy, se especula con números aproximados que bastante distan de la realidad y que ya, para el turismo actual, resultan insuficientes. ¿Qué pasará cuando una nueva ola de turistas lleguen a la isla, reservaciones en mano y dinero pagado por adelantado para encontrarse con que no hay, no se puede, tienen que esperar, no , no se sabe cuándo, eso yo no lo , debían habérselo explicado cuando le hicieron la reserva… que la reserva fue online?.. Oh, bueno, debían haberle explicado online. Espere. Vamos a tratar de resolver. Resolver. Esa es la palabra del día cada vez que hay que hacer una gestión en la isla. No es: tú ofreces y yo te pago. Es: yo digo que ofrezco, tú me pagas y yo voy a ver si resuelvo algo para darte.

La indolencia y el desinterés, extendidos a todas las esferas de la vida diaria en Cuba, son reacciones muy típicas. El sabio consejo de que si algo no tiene solución para que te preocupas y si la tiene, para que te preocupas, ha sido llevaba a la máxima expresión y aquellos que menos se preocupan parecen vivir más felices. El no preocuparse, se ha extendido propiamente, a un nivel interpersonal, y ya poco importa todo, incluyendo a quien podemos afectar como consecuencia de nuestros actos. En la calle la lucha por la supervivencia que equivale a voy a joder al prójimo, voy a abusar del que parezca buena gente, voy a sacarle el kilo al turista, total, él tiene más que yo, que se joda. Resolver requiere creatividad, y es triste, pero una gran parte de la creatividad cubana radica en maneras de abusar de lo que produce alguien más, algo llamado buscarse la vida.

En el área de los servicios, como hasta ahora los servicios no son la elección del usuario sino la opción disponible, el desinterés y la iEstatua en La Guirandolencia se reproducen como el marabú. Y es así como preguntas cuánto cuesta una habitación en un hotel reconocido y te contestan groseramente que leas el cartel de precios, o explicas de la mejor manera posible que tú necesitas que te entreguen el auto por el que ya pagaste y te dicen tranquilamente que no saben cuándo lo van a tener, y que te hagas la idea de que llegaste a un lugar remoto donde no hay teléfonos ni formalidades y te relajes y la cojas suave, si quieres pasarla bien en Cuba y no amargarte. Y es así como puedes esperar 45 minutos en la única gasolinera disponible en casi 30 kilómetros a la redonda un viernes cualquiera sobre las 10 de la mañana, porque la gasolinera está cerrada por fumigación y sus empleados están cómodamente sentados afuera, evidentemente molestos de que los estén agobiando con preguntas de cuánto más va a demorar la interrupción, ajenos a la línea de personas que esperan, ya no para comprar las minucias que venden dentro, sino para poner gasolina y seguir camino. Y es así como te dicen, ¿tú sabes qué?, yo no he almorzado hoy y tengo que almorzar, espérame o ve  a otra oficina para que te atiendan, porque… candela, esto que tu traes es un problema y es evidente que nadie está para problemas que no tienen solución cuando hay cosas más apremiantes como un pozuelo de espaguetis acabados de calentar. Y no los culpo porque sé que este es el resultado de años de mala educación y falta de información y desconocimiento de leyes elementales de formalidad y sentido común. Y no los culpo porque trato de entender que esta es la coraza con que nos hemos vestido por generaciones para que las cosas duelan menos, y luego no duelan nada, y eventualmente solo resbalen. Y no los culpo porque el dolor es más grande que la rabia, y yo también trato de resolver como mejor se puede para causar los menores problemas posibles. Sin embargo, esa actitud vasalla del que creció tomando esa “vitamina”, no es la actitud del turista medio, que no sabe nada de nuestras “vitaminas” y corazas y carencias, y honestamente, no tiene por qué saberlo. Esa no es la actitud que asumirán ante la falta de educación y de atención al público y de mediocridad de los servicios. ¿Como resolverá Cuba esta vez, cuando la demanda sobrepase los límites de la especulación actual?

El cambio tiene que llegar para que estos lastres sociales puedan algún día erradicarse. Sin embargo, la primera faceta del cambio va a ser difícil en un pueblo sin ilusión, motivación ni recursos. Me temo que este será el clásico escenario de que las cosas empeoraran antes de mejorarse, o como dicen en inglés, it will get worse before it gets better. Mucho peor. De cualquier manera, espero ansiosa como tantos otros, porque ya es hora, y algo tiene que cambiar.

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