El árbol que reina en Tuscaloosa Ave

Hace cerca de un año que recorro el mismo camino casi a diario los días de semana. Por un tiempo probé varias vías alternas para llegar al trabajo, tratando de jugarle cabeza a un tráfico que, testarudo, no cree en juegos. Y así hasta que un día, siguiendo la recomendación de Waze, descubrí Tuscaloosa Ave, o la calle del árbol separador de vías. Yo había visto árboles en medio de dos calles muchas veces antes. De hecho, una hilera de árboles en el medio de dos vías es común en muchas carreteras rurales. Lo que estaba viendo entonces era, sin embargo, algo diferente: una única calle residencial, irrelevante y angosta, con vías en ambas direcciones, simplemente se bifurcaba interrumpida por este imponente regalo de la naturaleza. Esa mañana, al pasar por su lado por primera vez, reduje la velocidad y bajé la ventanilla del carro con la intención de hacerle una foto, pero era un poco oscuro aún y el resultado fue una mancha verduzca, desenfocada y confusa. “Mañana me detengo,” pensé entonces, sin darle mucha importancia al asunto, admirando para mis adentros la esbeltez del árbol y su desafiante actitud de guardián del pavimento. ¿Quién era más caprichoso, el árbol por empecinarse en resistir la ofensiva del asfalto o la carretera, lenta, arrasadora, empecinada a su vez por pasar de largo por ese preciso lugar? ¿Por qué no habrán curveado la vía? ¿Por qué no habrán cortado el árbol? Imaginé a los vecinos de Atherton firmando peticiones para salvar el árbol de los devastadores planes de desarrollo urbano que seguramente atentaron contra esta magnífica pieza verde en el rompecabezas del barrio y les agradecí el esfuerzo para mis adentros. Gracias a ellos hoy había un árbol gobernando Tuscaloosa Ave. Gracias a ellos tenía yo un árbol que admirar.

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Pasa que hasta la admiración puede convertirse en rutina. Me tomó casi un año detenerme y finalmente tomar la foto que quería. Hoy, en una de esas urgencias incongruentes que a veces me dominan, estando ya más de media hora tarde para el trabajo, aparqué el carro, me bajé y me acerqué al árbol, dueño y señor de mi calle favorita. “¡Qué mas dan 10 minutos más o menos,” pensé. Inmortalizar la visión que un día me había cambiado la rutina matutina, me quitó de pronto el mal humor del tráfico de la 280, de los accidentes en la vía, de los conductores irascibles. De pronto me quedó claro que no es suficiente con querer hacer algo; hay que finalmente hacerlo. Solemos acostumbrarnos a lo extraordinario muy fácilmente, y una vez que lo convertimos en ordinario, raramente logramos revertir el proceso. Es la vida, nos decimos, y ciertamente lo es. La vida que va demasiado de prisa, que nos va robando la capacidad de asombro, que nos vuelve especialistas en la macabra alquimia de transformar lo singular en común. “Es solo una foto.” “Ni siquiera lo que pudiera considerarse una buena foto. Pero este pequeño acto de posesión, y la leve memoria del día en que por fin estuve frente a frente al árbol que desvía el tráfico de Tuscaloosa Ave, han dejado una huella en la superficie plana de mi rutina y han hecho que hoy, llegar muy tarde al trabajo haya valido la pena.

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8 comentarios

  1. Sin dudas …eres toda una escritora ..te envuelve la naturaleza …eres inteligente con un don sobrenatural q cualquiera poetiza añora ..tus expresiones son hermosas …tus historias fascinantes y reales al extremo q te devuelven al campo grande q te vio crecer ..eres grande mi niña ..

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    • Gracias Maira, me da mucha alegria que leas estas historias y las disfrutes. Como dice mi abuela, la cabra tira al monte, y esta guajira siempre encuentra la manera de no despegarse de sus raices, por muy lejos que me lleve la vida. Un abrazo. Gracias por estar.

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  2. Hola Zahylis, espero estés bien, me encantan tus pequeñas historias y la manera en que conviertes algo simple en un relato bonito, siempre que las pones las leo pues también muchas de ellas me recuerdan el campo, como tu dices: gracias por estar, besitos

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    • Hola linda, gracias a ti, por leer. Lo que pasa a veces es que no tengo grandes historias que contar. Me alegra que las historias pequeñas tambien te parezcan bonitas. Es interesante las cosas pequeñas que pasan de largo mientras tenemos la mente fija en no dejar pasar las grandes. Guilty here! Por eso trato… Un abrazo muy apretado y mis cariños

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