10 minutos: brevedad y simpleza

WCR

Escribí a Writing Class Radio, mi nuevo podcast favorito, y publicaron mi nota en la sección de agradecimientos. Es curioso, el agradecimiento trae agradecimiento a su vez.

Hace poco, una amiga que estudia Social Work me habló sobre una técnica que se usa en las terapias de corta duración para generar resultados positivos a corto plazo. Se le conoce como Solution Focused Brief Therapy, algo que en español se le llama Terapia Breve Centrada en Soluciones (TBCS ó SFBT, por sus siglas en inglés). Por aquellos días me atormentaba la duración de mi writer’s block, que se sentía más una plancha de acero comprimiéndome contra el suelo. Las premisas de la práctica son, en esencia, sencillas y a mi amiga, ferviente admiradora, se le ocurrió que me podrían ayudar.  Este modelo acepta que todos tenemos problemas, pero reconoce que todos también tenemos objetivos que queremos cumplir independientemente de los problemas y enfocarse en esos objetivos nos ayuda a ser más eficientes y sentirnos mejor con nosotros mismos. De ahí que el énfasis este no solo en determinar cuáles son esos objetivos primordiales sino también en trazar una especie de plan de acción gradual que nos permita ver los logros como algo tangible. No hablemos de problemas, hablemos de soluciones, parece ser el slogan de la práctica que nos exhorta a buscar dentro de nosotros eso en lo que somos mejores, que nos hace sentir optimistas, o esas acciones que hemos tomado en el pasado para resolver situaciones de conflicto, para después implementar acciones semejantes en cualquiera que sea nuestra nueva cruzada espiritual.

“La clave está en hacer más de lo que te gusta, 10 minutos al menos todos los días,” me dijo mi amiga Tay hace unos días cuando hablábamos de esto y un montón de cosas más. Y en esa frase, aparentemente tan simple, encontré un puente entre la aplicación de la terapia breve y mi problemita con el writer’s block.

Estoy segura que si repasamos nuestro día a día, hacemos cosas que nos gustan por más de 10 minutos. Simples elecciones como una comida en vez de otra o cuál programa de televisión ver, suponen que “hacemos” lo que nos gusta. Sin embargo, lo que nos gusta a veces es solo eso, cosas que nos dan placer, pero no necesariamente conllevan a lograr ningún objetivo, y en la mayoría de los casos se realizan inconscientemente, sin que reparemos en el privilegio que representa hacer lo que nos gusta.

La clave, creo yo, está en establecer una pequeña meta y usar -de eso que nos gusta- lo que ha probado ser efectivo, esas partes que, por decirlo de alguna manera, “funcionan”. En mi caso, si leer relatos en el New York Times y escuchar historias “escuálidas y conmovedoras” (citando al Mario Conde de Leonardo Padura) en podcasts sobre vulnerabilidades humanas no son solo cosas “que me gustan,” sino que a su vez me vuelven más vulnerable y me inspiran a buscar lo interesante, bello y positivo en el día a día y usarlo en mis propias historias, pues bienvenida sean estas elecciones. No son (¡ya quisiera!) un conjuro mágico que me hace escribir más o mejor, pero si crean una atmosfera en la que soy más productiva, en la que siento que puedo escribir más y con mucha suerte, también mejor.

No puedo atestar por la efectividad de la Terapia Breve en otros áreas o problemitas de la (mi) vida. Esa es tarea pendiente. Pero en lo que se refiere a mi writer’s block, los 10 minutos de Tay están dando resultado. Si no han desbaratado la plancha de acero, al menos parecen estarla desgastando por las orillas.

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