Uno, dos, tres… ¡salta!

Y eso hice. Salté antes de oír a los muchachos gritando a coro la palabra salta. Salté antes del tres, antes del dos incluso. Salté empujada por el sonido del uno, y el resto de la cuenta se limitó a seguirme en el descenso, a volverse, como yo, cascada entrando de pie en el agua del río.

DSC_6870
El Salto, Guane, muchos años después de haber saltado

Mis amigos del preuniversitario habíamos planificado este viaje al campismo El Salto para auto festejar el fin de curso. Éramos una docena de adolescentes despreocupados y flacos, que nos reíamos de todo, empezando por nosotros mismos. Creo que fue Yuriesky quien descubrió aquel recodo y la piedra perfecta que garantizaba una caída limpia al río turbio, pero profundo en esas partes. Varios saltaron antes que yo. Cuando llegó mi turno el grupo se había dividido entre los que ya habían saltado, los que querían saltar aunque se morían de miedo, y los que habían decidido, sin morirse de miedo, que saltar no era para ellos. Yo pertenecía el segundo grupo, el de los amedrentados valientes. El miedo llevó mis pies al borde del abismo, me cerró los ojos, y me levantó en peso impulsando el salto final. El agua helada me envolvió rápidamente el cuerpo al caer. Creo que sonreí bajo el agua, y creo que la sonrisa se me congeló también porque no logré sacármela del rostro durante todo el fin de semana.

DSC_6868
Las cabañitas clonadas de El Salto… las mismas de antes, ahora y siempre

Recuerdo que cuando reaparecí en la superficie, cuando las voces incansables de mis amigos me recibieron de vuelta, una parte de mí supo que saltar antes de tiempo a pesar del miedo se convertiría en un patrón recurrente en mi vida. La otra parte de mí estaba simplemente feliz, como solo alguien de 16 años, llena de vida y fe puede serlo.

DSC_6880
Mi tío, mi prima Milaydis, mis sobrinos Marcos y Fernanda y Mia… años después… años atrás.

P.S. No hay fotos de aquella vez. Y no recuerdo todos los que éramos, pero recuerdo a Aymara, aquella menuda personita de sonrisa amplia y ojos inquietos que era un filtro en Inglés y hablaba de Frank con picardía, su novio que iba a los Camilitos y que hasta aquel día había sido para el resto del grupo, un novio fantasma. Por Pedritín y Lidi supe que Aymara murió de una enfermedad muy agresiva, joven como estaba destinada a ser ella por siempre, un alma que no aceptaría nunca tener más de 16 años.

El pequeño príncipe de la camiseta amarilla de la foto de arriba, mi sobrino Marcos, tampoco está. En una triste coincidencia, también se fué, víctima de una enfermedad devastadoramente semejante. Nunca hubiera imaginado que ese día era la última vez que lo vería, que me empaparía de su risa contagiosa, eterna en sus ojos y en sus labios.

Extrañamente asociados al mismo lugar, esos son los recuerdo más claros que tengo de ellos. Y con esos me quedo, hasta que quede yo.

Anuncios

4 comentarios

  1. Un lugar muy sano para compartir con la familia y los amigos. Tengo recuerdos más recientes, no llegan al año. Percibo una mezcla de nostalgía y alegría. Me gusta la manera en que manejas el tema de las personas queridas que ya no están entre nosotros. Aquí los has echo inmortales.

    Me gusta

    • Osmay, que puedo decir que no hayas dicho tu? Es cierto, nostalgia, alegría, y por que no, rescate e inmortalidad. A veces creo que hay q mencionar los nombres de quienes han dejado huellas en nuestras vidas para que esten en ella. Como pasar lista despues de entrar del pase. Mejor que te pille el vida interna que la desmemoria. Muchos cariños para ti siempre. Y un abrazo apretado. Gracias por estar en mi lista y por tenerme en la tuya

      Me gusta

  2. Recordar es volver a vivir….y esa historia ha hecho vivir al príncipe de la camiseta amarilla…que un día se fue soñando que volvería a saltar, uno, dos , tres…miles de veces ..como dice Osmay has hecho inmortales aquellas personas que hoy no están entre nosotros. ..

    Me gusta

    • Gracias mamita. Me alegro que así sea. Ojalá se pudiera hacer otra cosa. Ojalá no haya hecho falta recordarlos sino tener el privilegio de tenerlos cerca. Pero tienes razón, recordar es revivir(los). Besotesssss. Te quiero grande

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s