Sin pezuñas, sin semillas, sin espinas

IMG-20190217-WA0029
Foto cortesía de mi sobrina Katheryn Sanchez, tomada en mi casa en Pinar del Rio, Cuba.

Hace un par de días leí un artículo que anunciaba que el estado de California está tratando de pasar una ley que vuelva el quitarles las uñas a los gatos ilegal en todo el estado. La práctica, que se llama “declawing”, es básicamente eso, una cirugía que deja a los gatos sin pezuñas, y es ilegal en muchos lugares, incluyendo gran cantidad de ciudades en California. Sin embargo, en otros muchos sitios aún existe, algo de lo que no tenia ni la menor idea.

Debo confesar que nunca he sido amante de los gatos pese a que me crié en el campo y siempre había al menos un par de ellos rumiando dentro y fuera de la casa. Nunca me interesó demasiado acariciarlos, besarlos o jugar con ellos. Eso no quiere decir que los maltrataba. Al contrario. Les hechaba comida, agua y cuando las hembras tenían gaticos, pasaba algún que otro rato cargando a los pequeñitos y mirándolos acurrucarse y estirarse cerca de la mamá. No está mal ni bien supongo. Cada quien tiene sus pasiones y adoptar un gato como mascota no es la mía. Lo que quiero decir es que nunca he prestado atención a los temas referentes a los gatos y por eso, a pesar de que trabajo en el campo de los equipos médicos veterinarios desde hace unos años, no tenía ni idea de que “declawing was ‘a thing.”

Saberlo me sorprendió bastante. Para mí las unas de los gatos son parte de los gatos mismos, o sea, no lo veía como algo que podía ser opcional. Como soltar pelo es parte del perro y hacer kikirikí por las mañanas parte de ser gallo.

Después de la sorpresa inicial comenté el asunto con unos compañeros de trabajo y me horrorizó enterarme de que los pobres gatos, por mucho, mucho tiempo después de la cirugía, sufren de algo similar al síndrome del miembro fantasma, o sea que se miran las patas como buscado lo que ya no está, como si estuviese.  Todo esto me he quedado pensando. En esta tendencia que tenemos los humanos de corregir lo que consideramos inconveniente, de modificar la naturaleza, refinarla, pulirla hasta lograr fines más aceptables, más placenteros quizás. Tendencia que en un principio es legítima y entendible y hasta justificable, pero que, como todo, aplicada en demasía no tarda en producir efectos nocivos, no solo en las especies modificadas, sino además en la psicología de quienes hacemos el trabajo de la modificación. Nos entra el “God complex”. Y así vamos por la vida alterando las cosas según nuestros gustos y deseos, tomando de lo que nos gusta, la parte que nos gusta más, negándonos a aceptar el paquete completo, con su dosis de bondades y de molestias. Y lo que es más alarmante, así vamos por la vida, creyéndonos con el derecho al escrutinio, a la selección “natural” de lo que naturalmente nos viene bien acorde a nuestro propio paquete de valores, a lo que tiene sentido para nosotros. Porque la mentalidad de que no tenemos que aceptar las cosas como son, que tenemos la capacidad para cambiar lo que nos afecta, que siempre hay una manera de lograr lo que deseamos si lo deseamos suficiente, que pensar “outside the box” significa no aceptar las reglas del juego, que simplemente podemos -debemos y merecemos- tenerlo todo, se ha engranado tanto en nuestro ADN, que no concebimos el aceptar, como otra cosa que no sea un sinónimo de conformismo, ¡que sacrilegio!, la anti-evolución del hombre.

Pienso en esto mientras busco uvas sin semillas en el supermercado y compro pollo sin hueso y sin pellejo porque, vamos a ser honestos, el trabajo de quitarle esas partes indeseables compromete el disfrute de la comida. Con esto quiero decir que no apunto con el dedo a nadie en particular. Nadie esta exento del pecado de tratar de llevarnos del pastel solo la parte que nos gusta y quitarle a la rosa las espinas. Pero creo que hay quienes van un poco mas lejos. Los gatos arañan, los perros sueltan pelo, los hijos representan muchas horas de sueño sin dormir, las relaciones humanas son un reto porque cada individuo defiende su propia perspectiva, muchas veces distinta y por momentos hasta completamente antagónica. Hay cosas que vienen en el paquete y que no siempre se pueden aislar y desechar sin suprimir la razón integral por la que son parte de la naturaleza.

Me viene a la mente ahora esta canción de Los Van Van que cantaba Pedrito Calvo si mal no recuerdo y que se escuchaba mucho en Cuba cuando era yo (más) joven jeje. Hablaba de una persona que quería comprar una fruta bomba (papaya) pero quería picarla para ver si estaba buena por dentro antes de llevársela. Como en la mayoría de las canciones cubanas, el doble sentido no es doble, es casi literal, pero sin reparar en ello, creo que hay circunstancias en la vida que llevan una respuesta como la de la canción, “si la picas te la llevas entera.”

Si lo que queremos es acurrucarnos con un animalito dulce, suave, peludo y comprensivo, que no se enoje si lo apretamos mucho y en ningún caso nos arañe y dios mediante, nos rasguñe la piel de los muebles de la sala, ¿no sería mejor comprarnos un peluche y dejarle al pobre gato sus pezuñas?

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s