Yoga-ismo

20190311_210148Por varios meses ya, desde que me mudé al nuevo barrio donde vivo, me ha llamado la atención ver a algunas personas que caminan por la calle en ropa deportiva, con muy poca ropa de hecho y hasta en sandalias, cuando afuera la temperatura ronda los 50 y algo grados Fahrenheit (incluso menos).  ‘Acaban de salir del estudio de Bikram Hot Yoga,’ supuse desde siempre, porque además de tener “pinta” de yoga, el sitio está al doblar de la esquina y lo veo todos los días cuando paso de largo. Sé, además, porque su mismo nombre lo dice, que es un lugar donde se practica yoga a temperaturas muy altas, con el objetivo, al parecer, de que sudes a mares. Pero lo que no sabía, no lograba imaginarme siquiera, era que practicar hot yoga podía dar tanto calor como para que andar por la calle, casi que en paños menores y en semejante clima fuese una opción. Siempre creí que aun cuando el interior fuese una versión local del inferno, era imposible que a alguien no se le calaran hasta los huesos andando a la intemperie, con tan poca ropa encima, en un barrio como el nuestro.

Bueno, pues no lo es.

Escucho por estos días un libro del escritor mexicanoamericano Benjamin Alire Saenz que se llama “Aristóteles y Dante descubren los secretos del universo”. Es literatura juvenil y los protagonistas, mencionado en el titulo nada tiene que ver con al filósofo griego ni con el poeta florentino. Si hago referencia al libro es porque por estos días me aventuré por primera vez a tomar una clase de yoga en el bendi-maldito estudio hirviente, y me siento un poco como el Aristóteles y el Dante del libro, como si descubriera secretos muy elementales del universo.

En primer lugar, sí, el calor abrasa y abraza (con s y con z). Siento como si la piel se me estuviera derritiendo, como si la sangre me hirviera por dentro y levantase mi piel para después exprimirla, sacándole el jugo. Yo que por lo general sudo poco. Como si el yoga de por si no fuera difícil, el calor lo vuelve peor, diez veces peor, setenta y ocho veces peor,  pero hay algo paralizador en la experiencia, una satisfacción extraña que te inspira a estirarte “más, mucho más, todavía más,” como sugiere el instructor, mientras en la hondonada del centro de la espalda baja el sudor se acumula, para correr espalda abajo por la canal que separa las nalgas. ¿Sera masoquismo o curiosidad lo que nos lleva a cuestionar que tanto podemos suportar? No lo sé.

De hecho aun no sé si me gusta practicar hot yoga. Tampoco sé si regreso. Sin embargo, he develado un importante ‘secreto del universo’. Los que caminan casi sin ropa mientras afuera todos llevan abrigos no están locos, no son unos exagerados. No se están helando para nada.  Por el contrario. El frío es bienvenido cuando se sale de las calderas del infierno y se siente doblemente divino. Quizás solamente por experimentar ese placer, sobrevivir 90 minutos en ese horno compartido vale la pena.


ACTUALIZACION

Una semana después…

Sigo descubriendo secretos elementales del universo. Esto del hot yoga tiene su encanto, aunque no logre argumentar una afirmación tan vaga. Creo que definitivamente le hace bien al cuerpo y a la mente (mas vaguedad, lo siento…). No es fácil, pero se torna más fácil con la práctica (tal como dice el instructor, a quien no le creí cuando por poco se me disloca el hombro tratando de hacerlo girar en la dirección opuesta a las caderas). Y esto no parece mucho pero algo es. Lo que quiero decir es que si, que regresé. He regresado unas 3 veces más y quizás vuelva una cuarta.20190311_213114 En este tiempo he hecho además otro importante descubrimiento: todos esos que salen del estudio en shorts y camisetas son, sin duda alguna, principiantes. Después de un par de veces de hacer algo parecido, amanecí con tremendo dolor de garganta, la nariz tupida y el cuerpo mas adolorido que al finalizar la clase. La ignorancia tiene un precio. El mío no fue tan grave. Ya me siento mejor. Y este nuevo secreto descubierto, que el cambio radical de calor a frío no es cosa de juegos, será tomado en serio de ahora en adelante. Aunque sigo haciendo el recorrido hasta la casa en shorts, ya me pongo abrigo y medias (¡que horrible!) con mis chancletas.

 

 

 

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4 comentarios

  1. ¡Muy interesante tu experiencia, gracias por compartirla! Una vez fui a un etudio de hot yoga en Taos y quedé puesta y convidada. Aunque sí me gusta el calorcito pero no tanto calorzote 🙂 Cuídate mucho, cariños desde Hobbs

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    • Hola Tere, la verdad es una dualidad grande lo que siento con respecto al yoga. No me gusta… pero me gusta. No quiero ni meterle mucha cabeza a lo que esto pueda significar, jeje. Si un terapista se empata conmigo, como dicen en la isla, hace zafra! Gracias por leer, comentar, apoyar y estar… 🙂

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    • Hola Millie, que alegria verla por aca… yo creo que algo hace porque muchas de las mujeres que van, se ven bastante mayores que ustedes y se hacen un ocho! Cosa que muchas de las mas jovenes no logramos hacer. Intentelo un mes y me dice 😉

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