De otros 365 días, el primero

Hay quienes no, pero yo disfruto los cumpleaños. Hay quienes dicen que es un día como otro cualquiera, y concuerdo con que lo es, pero me atrevo a verlo y tratarlo diferente, para que no sea precisamente un día cualquiera.

Este día de mi cumpleaños empezó desde la noche antes, con una mezcla de descarga musical y tertulia esotérica cortesía del maestro del piano Eduardo Corzo y su pandilla de damas memorables que nos acogieron con una calidez que me permitió andar en vestido de tiritas y sin abrigo en una noche de Junio de San Francisco (los que saben, saben, pero para los que no saben, Junio en San Francisco poco tiene de verano). La buena compañía, y probablemente también la generosidad del vino me quitaron el frío y fueron los culpables de que cantara el Piano Man de Billy Joel a pleno galillo desafinado y hasta masacrara las claves durante una canción de Lecuona.

Como la noche duró un siglo la mañana llegó tarde. Desde el parque Stern Grove, Van Van hizo el llamado de “vamo a pasarla bien” y eso fue exactamente lo que pasó. Se llenó cada espacio verde de una alegría humana contagiosa. La tribu cubana aprovechó para tocar rumba sin clemencia y entretener a todo el que quisiera oír con sus estribillos contagiosos hasta que apareciera Van Van. Y no fue menos cierto que todos los presentes, cubanos y no cubanos, sentimos que a sus 50 años,  la banda y los que la escuchamos, seguimos “siendo Van Van.”

El día estuvo de verano y hubo sol hasta casi las 9 de la noche. En el bar restaurante El Valenciano siguió la salsa en honor a Van Van. Y allí pasé una buena parte de la noche entre personas que por estas latitudes donde me he sentido tan sola han creado un ambiente familiar y me han invitado a sentirme en casa. Allí, con  comidita deliciosa, y ron Zayas, baile, conversaciones amenas y su poquito de nostalgia porque de otra manera no pudiera ser un verdadero cumpleaños, se fue acabando la noche. Y como a mi edad ya no se puede parrandear hasta tan tarde cuando hay que trabajar en la mañana (jajaja), me retiré a una hora prudencial, porque como me dijo una vez una de las personas que mas he amado en mi vida, “no se pueden coger en un día todas las fiestas de una semana.”

No dio tiempo para cake con tanto ajetreo, pero hoy, con mi hija y una amiga suya de la escuela, puse seis velas (las otras treinta no son necesarias a estas alturas) y nos cantamos Happy Birthday. Un cake delicioso de tres leches y fresa con mi nombre escrito correctamente. Manuel, de no haber sido por tu supervisión, cualquier desastre ortográfico justificado hubiera pasado. Gracias por eso y por todo lo demas.

Solo me resta dar las gracias a los que durante la noche y el día me llamaron, me escribieron, me mandaron sus buenos deseos. Gracias a los que me dedicaron parte de su tiempo, a los que trataron, y a los que quisieron hacerlo pero por razones de distancia no pudieron. Gracias una vez más por ser y estar. Y gracias por recordarme que solo por recibir este bombardeo de buena energía, cumplir años vale la pena.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s