Hoy (ayer, porque esto lo escribí ayer) es el cumpleaños de mi mejor amiga. Me gusta celebrar sus cumpleaños porque solo unos días lo separan del mío y de cierta forma es como celebrar el mío pero sin cumplir los años. A nuestra edad ya nos preocupan los años. Y si, es cierto, debemos de estar -y estamos- agradecidas por cumplirlos, por tener vida y salud para darle la bienvenida a un año más, pero también preocupa. La invariable pregunta retórica de a dónde se nos va la vida ronda ya hace tiempo nuestras cabezas. Ya no estamos en los 20 ni en los 30…. Como dice ella, ahora que estaba empezando a agarrarle el gusto al número 40, ¿que hago con 41, un número tan poco glamoroso, tan poco nada…? Nos reímos para darle levedad al asunto pero un silencio pesado queda después de la risa y sabemos lo que estamos pensando porque no somos amigas de toda la vida por gusto.
En los años de la infancia y la adolescencia compartimos la pureza de un crecer despreocupado en un mundo tan reducido que dejaba todo a la imaginación. En la juventud nos acompañamos de lejos sin perdernos el rastro mientras acertábamos y desacertábamos en amores y profesiones. En la adultez hemos construido un espacio donde podemos decir y decirnos cualquier cosa y se sobreentiende que sea lo que sea, duela cuanto duela, nace de un sentimiento de amor. Y ahora, en la madurez de este último año en que las dos hemos enfrentado situaciones personales y profesionales que nos han hecho cuestionar el camino recorrido y mirar con cautela el futuro (¿¡mejor?!), sabemos a ciencia cierta solo una cosa, que seguimos siendo, como decían en una novela de radio Progreso si mal no recuerdo, “nosotras, que nos queremos tanto”.

El tiempo nos pasa, nos recorre y nos surca como caudal de sangre en las venas, pero a nuestra amistad es como si no le dejara secuelas. Lo opuesto, el tiempo es solo el proceso generoso de añejar licores y volverlos mejores. Seguimos madurando juntas y por separado pero no hay una vez que su risa jovial y expansiva no me recuerde a las niñas que comíamos guayaba y mandarinas y mangos verdes con sal en el patio de las casas de nuestros abuelos, las que inventábamos viajes en bicicleta al rio, las que nos sentábamos a estudiar matemáticas y todas las veces terminábamos coloreando. ¡Sabes reír chiquita! Tu risa tiene un poder transportador que nunca tendrá el Botox. Y coincido en que no tiene mucha gracia esto de contar hasta 41, pero tengo que admitir, con el egocentrismo más grande mundo, que me alegra que una día como hoy hayas nacido porque el universo sabía que unos días después iba a nacer yo y que estaba destinada a adorarte.
Lindo texto. Un beso.
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¡Las amigas son lo máximo! Y mientras más se avanza en edad, más importantes son. Te lo digo yo que estoy a finales de los cincuenta 🙂
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[…] Publicado por Blogueame24 el 19 septiembre, 202417 junio, 2024 De años y cumpleaños […]
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