La misteriosa sabiduría del universo

Es dificil comprender cómo y por qué pasan ciertas situaciones, por qué a veces parecen dosificarse las bendiciones y más frecuentemente acumularse los desaciertos. Hace unos días una amiga me compartió un meme que decía algo como “estoy cansada de situaciones que no matan pero me hacen más fuerte”. Sonó gracioso, pero me dio mucho en que pensar. ¿Cuáles son los límites del pragmatismo, el optimismo y el delirio? ¿Hasta qué punto repetirnos que todo estará bien es suficiente para que lo esté? ¿Cuán verídico es eso de que no podemos controlar lo que nos ocurre pero siempre podemos controlar nuestras reacciones? Y si es altamente verídico, ¿cuánto autocontrol requiere mantener una visión positiva y cuánto tiempo esa actitud adoptada es humanamente sostenible? Y para no terminar…. Confiar en la sabiduría del universo, en que todo tiene su tiempo y su espacio, y que manifestar atrae, y que el atraer es invocable… ¿se puede realmente vivir ejercitando esa doctrina? ¿Habrá quien realmente adopte ese precepto como modo de vida y lo aplique naturalmente en la búsqueda del pan nuestro de cada día? No soy ni nunca he sido de las más más. Tampoco de las menos menos. Creo, confío, tengo fe… pero unos días más que otros y en la vida diaria tiendo a inclinarme hacia lo pragmático por sobre lo espiritual. Sin embargo, en los últimos tiempos he hecho un esfuerzo consciente por confiar en la sabiduría misteriosa del universo. “Por algo será.” “Alguna enseñanza me espera al durante camino.” “Relega control y confía.” “Deja que el propósito divino encause tu barca. Sé apenas el mero capitán que la llevará a su prescrito destino.”

Estas últimas semanas han estado cargadas de zozobras. Mi mamá, mi papá, la mamá de una de mis mejores amigas, esa amiga, la hija menor de mi mejor amiga, una de mis amigas desde la adolescencia, el padre de mi hija, la abuela y el abuelo paterno de mi hija, el padre del marido de mi mejor amiga, mi abuela, tía y tío en Cuba, el padrino de mi tía y único hermano viviente de la descendencia de mi abuelo…todos han pasado o están por pasar por intervenciones quirúrgicas o han enfrentado y/o están por enfrentar tratamientos médicos de considerable gravedad… Es como si al 75% de mi círculo cercano y afectivo les hubiera caído un chubasco común. Escribo estas líneas desde un hospital de Miami mientras acompaño a mi mamá que ahora mismo, después de una cirugía bastante invasiva, después de un par de días de bastante dolor físico, y después de una buena dosis de analgésicos, duerme por fin un sueño semitranquilo. Acabo de enviar la última tanta de textos y devolver las últimas llamadas del día de hoy. Mis aplicativos de mensajería no han descansado en estos días, llevando y trayendo actualizaciones desde y hasta geografías distantes y usos horarios disímiles. Y dentro de los confines de mi propia cabeza muchas ideas dan vueltas. No todas positivas. Buena parte de ellas incluso agoreras, como si algo premonitorio hubiera habido en aquellas letras que escribí en el libro de carátula azul y una mano en la portada. Trato de sacudirlas fuera de mi mente (“si cabe en tu mente cabe en tu mundo”, dice el 7iete, y si aplico su misma lógica, entonces lo que no cabe en mi mente no cabe en mi mundo). Elijo conservar las más optimistas haciendo un acopio de confianza en la misteriosa sabiduría del universo. La vorágine está pasando. A su paso me ha dejado ilesa. El núcleo de mi día a día me apoya también ileso desde la distancia. Tengo la habilidad y la capacidad para preocuparme y ocuparme de mis personas y afectos. En estas situaciones adversas he dado, recibido y redireccionado mucho cariño de y hacia muchas personas, recordatorio inexorable de la marca de amor que esos a quienes me une la vida estan dejado en el mundo. Es mi privilegio gozar de buena salud…entre otras. No sé si mañana lo lograré, pero hoy elijo terminar el día como diría mi abuela, si aún fuera la misma de antes y la demencia senil no la hubiera convertido en una sombra de quién era… “al final hay que dar gracias porque todo siempre puede ser peor.” 

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