San Francisco, eterno galán

Son las pequeñas cosas. El atardecer que te sorprende en el tope de la montaña. La montaña que está rodeada de ciudad y al mismo tiempo recluida, al margen de sus ruidos y su ir y venir. El ir y venir que un sábado cualquiera en la montaña es música de DJ, es algarabía de seguidores, es sorpresa para los que como nosotros, solo estaban dando un paseo de tarde y nos encontramos frente a frente con un evento al aire libre. El aire libre que se enfriaba por minuto y te enfriaba las mejillas y la punta de la nariz pero también te limpiaba los pulmones al respirar. El respirar que mientras atardecía se iba volviendo más pausado, más suave, más alineado con la música que a nuestras espaldas tocaba el DJ, con el aire libre que a nuestro alrededor se iba enfriando.

No es la primera vez que nos pasa. San Francisco es la ciudad en la que apenas sales a caminar y lo inesperado acontece. Y no me refiero a eventos transformadores que  cambian vidas pero si a esos que te cambian la visión de la vida si estás prestando atención y logras apreciarlos. Ciudad de matices. Ciudad de sutilezas. Una ciudad estructura de piedras que alguien dejó a la orilla de la playa. Música en vivo en una heladería que no acaba de abrir sus puertas. Murales en las paredes de unas casas que terminan una calle diminuta y empinada donde nada parece real. Y los atardeceres. Los atardeceres maravillosos que se te vienen encima mientras aguardas en un semáforo a que un tranvía cargado de turistas cruce la avenida. 

San Francisco no es el amor perfecto porque ninguno lo es. No niego que muchas veces que incomoda, me irrita, pone a prueba mi paciencia. Pero nunca, en esta década de relación amorosa, me ha hecho cuestionar mi  compromiso al punto que haya querido romperlo. San Francisco es el amante que enamora con sutilezas que te sorprenden. !Las cosas que se te ocurren amor! Agradecida de que en los momentos más comunes encuentres la manera de robarme una sonrisa. Agradecida de ser digna de tu ternura y de estar aún, a pesar de la confianza que viene con la convivencia, con los ojos abiertos para presenciarte, y el corazón fértil para amarnos. 

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