Ayer mi plan de la tarde era terminar de trabajar, hacer algo de ejercicios y luego una rutina corta de yoga con Kasandra para bajarle la carga al día. Pero al entrar a su canal de YouTube vi que Kasandra había publicado, unas horas antes, su video !mil!, una práctica de una hora que comenzaba con un sentido discurso de agradecimiento. En los primeros segundos, ya con la voz quebrada por la emoción, Kasandra reflexionaba sobre su decisión de abrir un canal de YouTube a los 23 años y su tenacidad, por haberse dedicado a él, una práctica a la vez, hasta crear la comunidad que tiene. Pero reflexionaba más que nada sobre lo agradecida que estaba por la compañía de quienes la seguimos. Sigo a pocas personas en las redes pero la sigo a ella. Es sencilla, creativa, serena pero tiene vivacidad. Me gustan sus practicas íntimas, sin pretensiones. Y fue así, como motivada por el orgullo de compartir un logro ajeno, que una corta rutina de yoga se convirtió en una larga hora de contorsiones que ella modelaba y yo seguía a mi manera.
Mientras inhalaba y exhalaba pensaba en el agradecimiento, la tenacidad, la decisión y la vocación. Cómo se parecen y cómo se complementan. Pensaba en cuanto admiro a las personas con auto conocimiento y disciplina, que establecen metas y objetivos a corto, medio y largo plazo pero que sobre todo, tienen la determinación necesaria para repetir, con constancia, patrones que invariablemente las llevan a la especialización y la maestría.
Admiro a mi padre por muchas razones pero esa es una de ellas. Sus rutinas son exquisitas, bien pensadas, y especialmente adaptadas a sus objetivos y prioridades. Hace gimnasia cada día, cada día cocina para almuerzo y cena, se toma el peso los lunes, lleva la contabilidad de la casa en un Excel que calcula hasta los gastos variables que no puede prever ni el médico chino. Pero sobre todo, sus rutinas son su vida y no se alteran, no se cambian en dependencia de si está alta o baja la marea o la temperatura. Sus rutinas se priorizan. Valen y por eso se priorizan. O se priorizan y por eso valen?
Y de mi padre regrese de nuevo a Kasandra, a quien acompañé en su festejo, en su ánimo celebratorio, porque mil clases no son poca cosa y era diga de ser acompañada, celebrada, honrada. Y me pregunté cuántas veces Kasandra habría sentido el deseo o la necesidad de romper su planificación de preparar y editar la cantidad de videos planificados para acompañar a alguien en sus proyectos. No los serios que cambian vidas, sino los sutiles, los diarios, los de todos los días.
Me pregunté si se habría impuesto la determinación, la disciplina, si Kasandra hubiese alterado su plan de la tarde, ya predeterminado, para celebrar algo, a alguien a quien ese detalle no va a cambiarle la vida. Nunca sabré la respuesta pero lo más probable es que en cuestión de disciplina y determinación sea como en todo lo demás: mejor con mesura. Que en algunos momentos haya que cerrarse y en otros valga la pena dejarse distraer por las mariposas, y descubrir aquella belleza que estaba frente a tus ojos pero que jamás hubieras percatado de no haberte desenfocado.
Decir que peco de distraída no sería una exageración. Y en estos tiempos de “Hábitos Atómicos”, “Deep work”, and “Getting Things Done” es imposible no recriminarme por ello. ?Cuánto más hubiera escrito, estudiado, trabajado, recorrido, leído, creado, si hubiera mantenido la vista al frente, la voluntad acérrima, el eye on the price? Pero hay días como el de ayer en los que no puedo dejar de agradecer mi tendencia a la desconcentracion, porque me ha dado la oportunidad de percatarme de que hay mucho más en el mundo que lo que aportamos, que hay altruismo en regalar tiempo a celebrar al prójimo, porque nunca se sabe que fibra pueda tocarnos dentro y que acción inspire como consecuencia.
No logré terminar el proyecto de mi noche anoche, pero a pesar de eso, el ejercicio físico y el placer de escribir estas letras me merecen la pena.
