Gerundiando

Hace un par de semanas, en una de sus conferencias, le escuché decir a Ismael Cala que los seres humanos “no somos participios: somos gerundios porque siempre nos estamos transformando.”

Desde entonces vengo dándole vueltas a la idea de lo que significa ser gerundio, de lo que significa transformarse y si es esa transformación a lo que llamamos evolución. Es cierto que ser gerundio sintetiza mejor esta búsqueda constante de la identidad, la felicidad, la paz interior que parece ser motor impulsor de la raza humana. Ser gerundio implica accionar, desplazarse, recorrer trillos y en mi caso, trazar trazos. 

Me gusta la idea de ser gerundio. Aunque no sé porque me recuerda a aquellos dibujos animados que ponían en Cuba en los ochentas, sobre los ceros y los unos, en que los unos eran malos y armados con un signo de menos, se restaban de los otros números hasta convertirlos en ceros y esclavizarlos. ¿Será el ser gerundio un poco así también? Más allá de malos y buenos, de esclavizadores y esclavizados, ¿no será el ser gerundio un poco de suma y resta? Y es que la transformación, por mucho que suena a adición, exige despejar el exceso, depurarse de lo que sobra y usar la esencia como GPS en la ruta cambiante. 

La idea de ser gerundio, de restar para sumar, me lleva también a pensar en lo confusa de esa propia ruta cambiante. Y no es solo una cuestión de conceptos, de que transformación se asocie al cambio en aras de mejorar algo que no funciona mientras que la evolución trate el cambio como un desarrollo continuo, progresivo y lento hacia un mejoramiento profundo. Es que ambos parecen enfocarse en ese aspecto positivo superior, ese sitio allá en el futuro a donde se llega poniendo un pie delante del otro. ¿Que decir entonces de esos vericuetos del camino donde no se sabe en que dirección se anda? ¿En los que la transformación es demasiado subjetiva y no queda claro si avanzando se retrocede o si retrocediendo avanzamos? 

En mi propia saga de transformación (evolución quisiera llamarle) hacia un ser humano más sensible, un gerundio más capaz de engendrar paz y armonía interna, me hallo más veces de las que quisiera admitir, repasando valoraciones pasadas, tendencias limitantes, regresando sobre mis pasos para hacerme las mismas preguntas que ya creía saldadas. ¿Son los pasos en la dirección opuesta a la transformación parte de la transformación misma? ¿Evolucionamos aún cuando no avanzamos con claridad?

Mucho se aplaude en nuestra cultura moderna los pasos andados. Caminar 10 mil pasos al día se ha convertido en una métrica que registran los teléfonos celulares, los relojes y dispositivos inteligentes. Pasos caminados siempre suman, nunca restan. Incluso si regresamos a la casa porque olvidamos la billetera, el olvido contribuye a duplicar los pasos. A falta de una mejor respuesta, habré de tomar prestada esa simpleza de la tecnología para analizar el ser gerundio: la transformación esta en los pasos recorridos con la evolución como destino y no en la dirección que la que estos nos lleven.

Sigo asi entonces, gerundiando por la vida, acumulando pasos, recorriendo trillos, trazando trazos y celebrando la bendición que es tener la posibilidad de hacerlo.

2 comentarios

  1. Qué buena descripción del gerundio y de este brete del vivir.

    Cuando empecé a estudiar gramática me aprendí cada categoría gramatical con este truco: gerundiado, participado, infinitar 🙂

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