Si la vida te da limones…

Si la vida te da limones, no te pongas a hacer limonada así como así, como si fuera limones lo que hubieras estado esperando toda la vida. No es cerrarse a la posibilidad de la limonada, sino intententar un poco más conseguir aquello que esperabas en un principio, antes de conformarse con ella.

Hacer limonada de un tiro, es quizás una respuesta instinLimones para limonada. Tomada del sitio web Enlace social.tiva, típica de una personalidad ingeniosa, que no se duerme en los laureles, imaginativa, que trabaja con lo que tiene, y no solo hace lo mejor que puede, sino que lo hace bien, y hasta logra resultados muy positivos y reconfortantes. ¿No esta mal verdad? En un principio no.

Pero esto es lo que pasa con los buenos “hacedores de limonada”: se acostumbran a situaciones de emergencia en las que ven sus recursos reducidos, y se acomodan a ellas. En vez de adaptar la situación, adaptan la respuesta, la manera de enfrentar el conflicto, y como consecuencia, se sumergen en el camino largo y tortuoso de siempre estar dispuestos a ponerle el pecho a las balas o darle el frente a los problemas, que suena menos dramático.

Sin embargo, aquellos que se niegan a aceptar los limones, que no tenían planes de hacer limonada y no van a cambiar su mentalidad solo porque limones fue lo que vino en oferta, esos tienen más posibilidades de terminar donde quieren que los que aceptan los limones, y resignados, empiezan con el primer vaso de limonada. Cierto, esos son tachados de caprichosos, inflexibles, cabezas duras, y un monton de cosas más. Pero puede ser que simplemente sean personas que saben lo que quieren, que lo han sabido siempre, que tienen un objetivo, y no quieren desviarse de él. A corto plazo, los renegados protestan, forman cabecita de playa, remueven cimientos, y existe una gran probabilidad de que la vida les mande otra cosa, además de los limones, solo pa’ callarles la boca. Y si en el peor de los casos, la vida, empecinada también, se niega a suministrar alternativas, los renegados se sientan a esperar por lo que ellos quieren, y grandes son las probabilidades de que cuando eso llegue, ellos sean los primeros en tomarlo, mientras que los otros, los creativos e ingeniosos, están tan ocupados con su limonada que no se dan cuenta y pierden la oportunidad.

Un buen amigo que quizás lea esto, me dijo un día que yo era especialista en hacer de limones, limonada. Lo que no me dijo, y honestamente hasta miedo me da preguntar, es si la limonada me quedaba buena, o no se la tomaba ni Cristo. Porque esa es otra cosa, en la constante improvisación ante los limonazos de la vida, algunos se van rodeando de resultados temporales que pudieran ser más beneficiosos de perfeccionarse, pero que rara vez llegan a ese estado del proceso de producción. Los renegados por ejemplo, han tenido quizás más tiempo de perfeccionar sus productos, al menos en la mente, o no, pero son tan seguros de sí mismos, tan caprichosos, inflexibles, y cabeza dura, que seguramente creen que sus ideas son lo mejor que pudo habérsele ocurrido a nadie, y no aceptan posiciones antagónicas.

Hace unos días empecé a leer un libro super gracioso que escribió un amigo de mi novio. Esta “Humorous Biography” hubiera resultado mejor de guión para un acto de Standup o Improv Comedy  que para un libro como tal. Los argumentos son divertidos, fáciles, muy contemporaneos, y menciona temas con los que todos, de una forma u otra, podemos relacionarnos, pero carece de todo tipo de calidad literaria, engranaje, gancho, intriga o sustancia como historia. Aún cuando algunas ideas son para morirse de la risa, parte de la gracia, o de lo que mata la gracia en muchos casos, es que son ideas obtusas y limitadas, una sarta de vulgaridades e improperios y opiniones muy personales sobre un tema X, que ni con toda la seguridad de experto con que son planteadas, resultan convincentes. El libro es una piedra en bruto, y sí, tiene su brillo, si después de pulida es enmarcada en un el género de la comedia improvisada y la cultura popular, pero definitivamente no es el diamante que seguramente su autor cree que es.

Y a partir de ahí empecé a pensar en los limones y las limonadas, y como consecuencia, en las limonadas ácidas. A este autor probablemte le cayeron más de un limón encima mientras trataba de escribir este libro (quizás ese sea el problema mayor, que el libro parece que no está terminado aún). Seguramente en más de una ocasión le dijeron, deja eso, mira, concéntrate en otra cosa, lo que en su caso hubiera sonado como: aqui tienes limones, haz limonada, cualquier cosa te saldra mejor que la escribidera. Y aunque el haber escuchado consejo quizás no hubiera sido una mala idea, él fue lo suficientemente cabeza dura, renegado y caprichoso para no solo seguir en el camino trazado, sino además, estar orgulloso de un resultado que a las claras lleva cuando menos, el doble del tiempo y trabajo invertidos en él. Es esa determinacion y tozudez de los que se niegan a hacer limonada, la que me causa admiración, porque responde a un objetivo preciso, a una intención infalible que si no aporta al mundo un resultado grandioso, -digamos que éste no figurará en la lista de lecturas sugeridas por el New York Times-   le aportan a la vida del individuo un grado de complacencia y satisfacción muy personales que sí deben hacer su día a día más placentero.

Quizás la idea es no ser tan radical. Quizás no sea limonada o no limonada la única solución. Quizás  encontrar ese punto medio donde las cosas no son blancas ni negras sea lo más recomendable. Desechar alguna que otra solución alternativa, y esperar, y enfocarse en ese objetivo acariciado, pero a la vez, ser lo suficientemente autocrítico como para no ser victima de la propia tozudez, y ver el producto final desde una perspectiva social, y no como el fruto perfecto de nuestra gestación. Quizás la mejor variante es, si la vida te da limones, ponerse en tres y dos y decirle a la vida, que o manda azúcar, ¡o no hay limonada!

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