Sin el signo de interrogación y en términos de política y psicología, la frase tiene todo el sentido del mundo. Romper, descomponer problemas grandes y complejos en unidades más pequeñas y manejables suele simplificar la búsqueda de soluciones y garantizar un resultado más exitoso. Concuerdo completamente. Y sin embargo, llevo días pensando que en ciertos contextos, las bondades de la división no me quedan tan claras.
Durante toda mi vida, en parte porque me atraen muchas actividades diferentes y en parte porque no me cuenta mucho adaptarme a situaciones nuevas, me he expuesto con frecuencia a pasatiempos y trabajos que poco tienen que ver unos con otros. Disfruto un paseo a la playa, tanto como uno al campo, al desierto o la montaña. Me gusta el teatro, la ópera y el ballet y también los juegos de fútbol, de voleibol, y las carreras de 100 metros. Me gustan todos los géneros literarios y casi todas las tipos de cine y veo, con gusto, hasta la mayoría de los documentales. Y si pudiera, y me alcanzaran las horas del día, haría más de todo lo que me gusta y exploraría las cosas que aún no conozco y lo más es que a partir de ahí también formen parte de la larga lista de todo eso que disfruto. Sin embargo, los días no tienen horas ilimitadas, no tengo energía ilimitada, y aunque me cueste aceptarlo, no puedo, aunque quiera, intentar y hacer todo lo que me viene a la mente. A un cantante puertorriqueño que se hace llamar el 7iete le escuché decir en un TedTalk que “si cabe en tu mente cabe en tu mundo”. Y sí, tal y como “divide y vencerás”, esa frase también tiene todo el sentido del mundo. Pero es que a mi mente le cabe mucho mundo, pero mi mundo tiene que anclarse en mi mente porque de lo contrario el tiempo se me va, de una idea a otra, sin que pueda profundizar en nada. Jack of all trades, máster of none, dicen en inglés y supongo que la traducción sea “Jack de todos los oficios, maestro de nada” (quizas muy literal). En una sesión de capacitación a la que asistí recientemente, el entrenador nos instaba a que dijéramos que no a las cosas que nos dividen la energía, que nos alejan del objetivo, que nos hacen perder el foco y la concentración. Pero, ¿y qué pasa cuando la distracción principal vive dentro de nosotros mismos? ¿Qué pasa cuando a quien primero debemos decir no es a la vocecita que llevamos dentro que intenta convencernos de que sí, eso también puedo hacerlo, y aquello….¿por qué no? Es una realidad que incluso para lo que disfrutamos, es preciso escoger.
Por muchos años he querido escribir más. Y leer más. Y correr más, una o dos maratones por año si es posible. Y hacer yoga. Y viajar más los fines de semana. Pero también hacer más paddleboard y definitivamente aprender a escalar mejor. Y ser mejor madre, hija, sobrina, nieta, amiga, mujer… Y sembrar más plantas. Y tener más organizada mi casa. Y cocinar más. Y ejercer como periodista, comunicadora, publicista, user experience writer, traductora, emprendedora y agente de bienes raíces. Por muchos años he tratado de dividirme más para vencer mejor y sí, he experimentado más, pero no sé si he logrado hacerlo mejor. De ahí el signo de interrogación del inicio de esta crónica.
Con la sabiduría de cuatro (y un poquito) décadas de reflexiones me atrevo a cuestionar si en el contexto de nuestras habilidades y pasiones no será agrupar, en vez de dividir, una manera más efectiva de vencer. Entrar en un campo tan competitivo y multidimensional como el de los bienes raíces me ha llevado a pensar en estrategias y sistemas que puedes (¡tienen!) que implementarse si se quiere tener alguna posibilidad de éxito. Y esto, invariablemente, me ha llevado a pensar en mi propia relación con el planeamiento, la ejecución y la consistencia, o la falta de ella. Y claro que sé que es difícil crear y mantener rutinas, aun cuando dicen que con solo 21 días de repetición se crea un hábito. Sé que no soy la única que batalla contra la tentación de resquebrajar la rigidez de un plan preconcebido. Pero también sé que hay muchos ahí afuera que sí lo logran, que sí se enfocan, que sí agrupan y reagrupan y vencen. Entonces, ¿por qué no inténtalo como si tuviera la certeza de que lo voy a lograr? Pues porque cuando no hacer algo es una opción, cuando la única persona afectada por el no cumplimiento soy yo misma, cuando las obligaciones quedan saldadas y solo mis aficiones quedan para otro día… no pasa nada, no son graves las concecuecias, otro día será, mañana, de hecho es otro día. Y por ahí va la cosa…
Esta es la hipótesis de mi nuevo experimento personal: ¿y si amalgamase algunas de esas aficiones y labores, las mas vitales para mi sanidad mental y mi economía, de forma tal que no tenga que dividir el tiempo sino que de cierta forma la inversión en un área alimente otra? ¿Y si además me comprometiese con un público mayor que me cree un sentido de responsabilidad y exigencia hacia terceros que no son necesarios mantener conmigo misma?
Hoy me he comprado un cuaderno de esos que tienen espacio para poner la fecha encima de cada página y delimitar claramente un día de otro. Una especie de agenda pero no es agenda. Y bajo la fecha de hoy he escrito ciertos objetivos que quisiera alcanzar la mayor parte de los días de cada semana. El número magico es 1000 y la idea es la siguiente: para familiarizarme con las propiedades y los barrios del Área de la Bahía, planeo caminar al menos 1000 metros, crear contenido visual o escrito de al menos 1000 palabras, y ya que estamos en el proceso, leer, al menos otras 1000 palabras, ya sea de temas profesionales o que simplemente que me hagan feliz.
Mi cuaderno de flores, en la página del día de hoy, refleja con orgulloso sus primeras marcas de verificación al lado de los tres números 1000. El experimento ha comenzado. En mis marcas, lista… ¡fuera!

